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Juan and Isabel Maldonado

photo of Bill and Ellie
Meet your fellow parishioner’s, Juan and Isabel Maldonado. They have been married for twenty three years. They have been parish members at Santa Maria for the past 15 years.

Juan and Isabel have three children. Bryan Maldonado (22) is a senior at Northwestern University with a Major in Engineering. Jasmine Maldonado (19) is a Pre-Med student, with a minor in Sociology at the University of Illinois at Chicago (UIC). Juan Jr. is a senior at Vernon Hills High School.

The Maldonado’s are active volunteers in the parish working as Communion ministers, Sacristans, Altar Server Coordinators and Juan is also a member of the Knights of Columbus.

“Volunteering comes easy to us”, says Isabel, “I come from a family of people who dedicated their lives to the church, priest and nuns, so volunteering at the church has always been part of my life”. “Juan and I enjoy all aspects of volunteering, the meeting of new people, being part of the parish community and, most importantly, the giving back to the Lord”. We have been blessed with three wonderful children and a good life and we feel that giving back is very important.

Conocé Juan e Isabel Maldonado. Ellos han estado casados por 23 anos. Ellos han sido miembros de la parroquia de Santa María durante los últimos 15 años.

Juan e Isabel tienen tres hijos. Bryan Maldonado (22) es estudiante de último año en la Universidad Northwestern con un Major en Ingeniería. Jasmine Maldonado (19) es una estudiante de medicina, con especialización en Sociología en la Universidad de Illinois en Chicago (UIC). Juan Jr. es un Senior en Vernon Hills High School.

Los Maldonado son voluntarios activos en el trabajo de la parroquia, como ministros de la Comunión, sacristanes, Coordinadores de servidores del Altar y Juan es un miembro de los Caballeros de Colón.

"El voluntariado se hace fácil para nosotros", dice Isabel, "Vengo de una familia de personas que dedicaron su vida a la iglesia, curas y monjas, así como voluntario en la iglesia siempre ha sido parte de mi vida." "Juan y yo disfrutamos todos los aspectos del voluntariado, la reunión de la nueva gente, ser parte de la comunidad parroquial y, lo más importante, el que da la espalda al Señor". Hemos sido bendecidos con tres hijos maravillosos y una buena vida y sentimos que devolver es muy importante.

Bill and Ellie Dillenburg

photo of Bill and Ellie

For most of their sixty two years of their marriage, Bill and Ellie Dillenburg have been parishioners of Santa Maria. Since 1959 to be exact.

Bill and Ellie recall moving into Mundelein and the only part of Santa Maria that existed was the chapel.

“We used to have mass in the basement, because the chapel couldn’t accommodate all of the parishioners.”

And just as soon as they became parishioners, they began to find ways to become active members of their community.

“The pastor at the time would say ‘if you are going to become a parishioner, you have to be involved.’” And they followed his request.

They did everything from help at a nursing home that was state run. They would visit with the sick people and provide communion and water. They would also help at St. Vincent DePaul and help give clothing away. Bill and Ellie were also part of the bereavement community for a while and ministers for the community.

“We always were willing to help,” said Ellie. “We would volunteer at one thing, then add another one and another one…. we always seemed to find the time.”

And it wasn’t that they volunteered because they felt obligated.

“We just did it,” said Bill. “To really feel like you’re a parishioner, you need to volunteer. It makes you feel like you are part of the family and you meet people on a more personal note.”

Today, they are both retired and don’t quite volunteer as much. Still, they make sure to stay connected with the community as members of the M&M club—a nickname that came after their trips with a small group to McDonalds for a cup of coffee after mass.

“It was the good old days when we could do all of the stuff we used to do,” said Ellie. “But we make sure to keep up with what is happening.”

They also make sure that God is with them on their journey through life.

“When there are catastrophes or extra special joys, we share them with him. When things are desperate, he calms us down and things seem to work out,” said Ellie.

They credit their connection to God and their service to the community as part of the reason why their marriage has endured the test of time.

And, they both attest that after 62 years of marriage…they’re still saying I do.

Durante la mayor parte de sus sesenta y dos años de matrimonio, Bill y Ellie Dillenburg han sido feligreses de Santa María. A partir de 1959, para ser exactos

Bill y Ellie recuerdan que cuando llegaron a Mundelein la única parte de Santa María que existía era la capilla.

"Teniamos misa en el sótano, ya que no cabiamos todos en la capilla."

Y tan pronto como llegaron a ser feligreses, empezaron a encontrar maneras de convertirse en miembros activos de su comunidad.

"El pastor de ese tiempo les decia a todos 'si va a ser un feligrés, tienes que estar involucrado en su comunidad. ' "

Y ellos siguieron su petición.

Lo hicieron todo. Ayudaron en un hogar de ancianos que estaba dirigido por el estado. Ellos visitarán a los enfermos y dar la comunión y el agua. También ayudavan en St. Vincent DePaul y ayudaría a regalar ropa. Bill y Ellie también fueron ministros de la comunidad por un tiempo.

"Nosotros siempre estábamos dispuestos a ayudar", dijo Ellie. "Nos gustaba ser voluntarios en una cosa, y luego añadir mas y mas .... de una forma u otra siempre encontrabamos el tiempo ".

Y no era que se ofrecieron como voluntarios porque se sentían obligados.

"Para realmente sentirte como un feligrés, debes de ser voluntario," dijo Bill. "Te hace sentir como si fueras parte de la familia y te encuentras con gente en una nota más personal."

Hoy, ambos están jubilados y no pueden ser voluntarios como antes. Aún así, se aseguran de estar conectados con la comunidad como miembros de la M & M Club - un apodo que se produjo después de sus viajes con un pequeño grupo de McDonalds para una taza de café después de la misa.

"Fueron los buenos tiempos en que podíamos hacer todas las cosas que solíamos hacer", dijo Ellie. "Pero nos aseguramos de estar al día con lo que está sucediendo con la iglesia y la comunidad."

También se aseguran de que Dios este con ellos en su viaje por la vida.

"Cuando hay catástrofes o alegrías, los compartimos con él. Cuando las cosas están desesperados, Dios nos tranquiliza y las cosas parecen funcionar," dijo Ellie.

Acreditan su conexión con Dios y su servicio a la comunidad como parte de la razón por la que su matrimonio ha soportado la prueba del tiempo.

Y, ambos dicen que después de 62 años de matrimonio ... todavía están diciendo que sí a su union.

Armando and Lucia Santillan

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Armando and Lucia somehow find the time to continuously serve their parish. For the past 15 years, they have been members of Santa Maria and have found ways to continuously contribute to the parish in small and big ways.

“If the parish is in need, it is our pleasure to help how we can,” said the couple.

That’s the motivation that’s driven them to be involved in multiple committees for the church. Those include the charismatic group, Eucharistic ministers, Catechism instructors, Guadalupano Group, and Emaus among several others.

The list of organizations they are involved with may seem overwhelming, but as Armando puts it: “I don’t have the ability to say ‘I can’t.’ If I’ve been invited to participate in something or help in some way and God has given me the ability to do so, then I will help with pleasure.”

When it comes to helping the church, no task seems too big or too small for the couple. Lucia has become known for bringing her tacos—preferably steak and al pastor—to church gatherings which Armando is proud to say he helps season. There was also a time that they both sold tamales and champurrado to raise funds for the church.

Without even realizing it, Armando and Lucia are now recognized by many folks in the church community who they might bump into outside of the church. Armando and Lucia are often stopped and told they are the man and woman from church.

Finding a way to help the church has come naturally to Armando and Lucia and they consider it a way of life for them, particularly since they see the community as an extension of their family. Armando and Lucia invite others to seek out the many organizations that exist through the parish.

For their children, Byron and Jahaira, taking part in the church has been a natural way of life.

Jahaira recognizes the joy serving others through the parish brings to her parents and she is quick to point out “it makes me proud to see them happy.”

Armando y Lucia de alguna manera encuentran el tiempo para servir continuamente a su parroquia. Durante los últimos 15 años, han sido miembros de Santa María y han encontrado maneras de contribuir continuamente a la parroquia de maneras pequeñas y grandes.

“Si hay alguien que necesita ayuda, yo lo hago. Al ver en que la parroquia necesita, con gusto lo hacemos," dice la pareja.

Esa es la motivación que los ha impulsado a estar involucrados en varios comités de la iglesia. Entre ellos se incluyen, el grupo carismático, ministros de la Eucaristía, instructores de Catecismo, el grupo Guadalupano, y Emaus entre varios otros. La lista de las organizaciones en que están involucradas, puede parecer muchas, pero como Armando dice: "no tengo las palabras para decir que no puedo. Si a mi me invitan y Dios me de la oportunidad, con mucho gusto voy."

Cuando se trata de ayudar a la iglesia, no hay cosa que parezca demasiado grande o demasiado pequeño para la pareja. A Lucia ya la conocen por traer los tacos-- de preferencia de bistec y al pastor--a reuniones de la iglesia. Armando se enorgullece de decir que el es el que les da el sazón. También hubo un momento en que ambos vendían tamales y champurrado para recaudar fondos para la iglesia.

Sin darse cuenta, Armando y Lucia ahora son reconocidos por muchas personas en la comunidad eclesial, con los que se encuentran fuera de la iglesia. Armando y Lucía son a menudo detenidos y no los llaman por nombre, sino que les dicen que son el hombre y la mujer de la iglesia.

Encontrar una manera de ayudar a la iglesia ha llegado naturalmente a Armando y Lucía y lo consideran una forma de vida para ellos, sobre todo porque ven a la comunidad como una extensión de su familia. Armando y Lucía invitan a otros a buscar a las muchas organizaciones que existen a través de la parroquia.

Para sus hijos, Byron y Jahaira, participar en la iglesia ha sido parte de sus vidas desde pequeños. Jahaira reconoce la alegría que servir a los demás le da a sus padres y le gusta señalar que "me hace sentir orgulloso de verlos felices."

John Crigler

As one of nine children, John Crigler learned early in life to get along with everyone and that he could make a difference by helping. “We’re sent here by the gift of God through our parents and we need to share the gifts that they taught us", said John, who has been a member of the Santa Maria Parish for approximately 13 years.

“We’re all called to help…that’s what God put us here for,” said John. He invites his fellow parishioners to seek out the opportunities where they can lend a hand—such as when someone’s keys are locked in her car—and not turn their back.

To assist is something he seeks out to do at Santa Maria. “Our parish is our family. It’s our identity…we are all one family,” said John.

Ask John how the desire to help was instilled within him, and he’ll talk about a near death experience at the age of 19. According to John, he was dead for about half an hour and stood before God, but somehow came back to life.

“I saw my life up to that moment, and for each bad thing that I did, I was flooded with the most awesome energy…forgiveness.” That’s when John decided that he needed to change his approach to life.

In addition to helping others, John values the importance of finding inner peace…something he has found in Boundary Waters Canoe Area Wilderness Camp. He was introduced to this part of the Superior National Forest by his brother who is writing a book about his experience as a helicopter pilot in the Vietnam War. Once a year, they make a trip to this part of northeastern Minnesota where they live off of the land and catch fish so huge that they pull your boat. “The first time my brother told me about this place, he said ‘I found a place where God is.’” John couldn’t agree more and looks forward to the annual trip for the time he gets to spend with his brother, but also for the taste of heaven.

John's daughter Aliza is 15 and his son Jon is 36. He is the proud grandfather of three grandchildren: Madison, 14, Molly, 9 and Morgan, 7.




Como uno de nueve hijos, John Crigler aprendió temprano en la vida como llevarse bien con todo el mundo y que podía hacer una diferencia ayudando a los demás. " A través de nuestros padres estamos aquí por el don de Dios y tenemos que compartir los dones que nos enseñaron ", dijo John , quien ha sido miembro de la parroquia de Santa Maria por aproximadamente 13 años.

"Todos estamos llamados a ayudar...eso es lo que Dios nos ha puesto aquí para hacer, " dijo John. Él invita a sus feligreses a buscar las oportunidades donde pueden dar la mano, como cuando las llaves de alguien estén encerradas en su coche.

Como asistir, es algo que él busca hacer en Santa Maria. "Nuestra parroquia es nuestra familia. Es nuestra identidad... todos somos una familia ,” dijo John.

Pregunta a John cómo fue inculcado el deseo de ayudar en su interior, y hablara de una experiencia cercana a la muerte , a la edad de 19 años. Según John, el estaba muerto durante una media hora y se puso delante de Dios, pero de alguna manera volvió a la vida.

"Vi a mi vida hasta ese momento, y por cada cosa mala que había hecho, hubo una energía impresionante que vino sobre mi...el perdón. " Fue entonces cuando John decidió que tenía que cambiar su enfoque de la vida.

Además de ayudar a los demás , John valora la importancia de encontrar la paz interior... algo que él ha encontrado en Boundary Waters Canoe Area Wilderness Camp. Fue presentado a esta parte del Bosque Nacional Superior por su hermano que está escribiendo un libro sobre su experiencia como piloto de helicóptero en la guerra de Vietnam. Una vez al año, hacen un viaje a esta parte del noreste de Minnesota , donde viven de la tierra y capturan peces tan grandes que casi tiran su barco.

"La primera vez que mi hermano me habló de este lugar, dijo: ‘Encontré un lugar donde está Dios.' " John no podía estar más de acuerdo y regresa al lugar cada ano con su hermano para compartir con el y sentirse un poco más cerca al cielo.

Su hija Aliza tiene 15 años y su hijo Jon tiene 36 años. Él es el orgulloso abuelo de tres nietos : Madison, 14, Molly , 9 y Morgan, 6.